domingo, 1 de octubre de 2017

Capítulo 2 (3)

Después un rato la plaza nos aburrió, no así la charla, y ella quería fumarse un cigarro, así que salimos a buscar un lugar donde comprarlos; una vez conseguidos los cigarros, empezamos a caminar sin rumbo.

Mientras caminábamos seguíamos hablando, ella me contaba de su escuela, de las fiestas, de lo que le gustaba hacer, anécdotas variadas de cosas muy chistosas que le sucedieron. Debo comentar que ese día todo era casi perfecto, el clima era favorable para tener una caminata, no había trafico en las calles y hasta el ambiente era de lo mejor.

A paso tranquilo y disfrutando de todo lo anterior, además de nuestra compañía mutua, llegamos a un parque, al cual entramos solo para seguir caminando dentro; creo que ese día caminé y caminé sin siquiera pensarlo, lo único que quería era seguir hablando con ella, seguir sintiendo su aroma cerca, su sola presencia hacía que me olvidara de cuanto había caminado.

Lo único que me sacó del trance en el que me encontraba fue un celular sonando, era su mamá...

sábado, 24 de septiembre de 2016

A tu manera (Cómo a ninguna)

Quiéreme.

Despacio y con ternura, como si el tiempo no existiera y el espacio nos sobrara.

A toda prisa, con pasión interminable, porque el cielo es traicionero y los días se van en un suspiro.

A ratos, cuando te dé la gana o te aburra la vida y busques distracción de lo mundano.

Siempre, en todo momento, sin que llegue el fin e incluso cuando no me quieras más.

Quiéreme.

Como te han querido, por tan poco que no alcance o tanto que desborde sin poderlo parar.


Así, como quieres tú, para que sea especial y verdadero, como lo que ya no hay.

Quiéreme así, sin prisas ni presiones, con ternura y pasión mezclados tan profundamente que no sepamos dónde termina uno y empieza el otro; quiéreme como sabes querer.

Quiéreme, como quieres tú que te quieran.

Quiéreme como a cualquiera, quiéreme como te quiero...

...y te amaré como a ninguna.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Erre, Ele y el Mundo de A (Final)

Aun hoy recuerdo aquellos días y pienso en la manera en la que sucedieron las cosas, no fue la mejor.

Después de pasar muchos de mi días (y tardes) en ese mundo, muchas cosas empezaron a cambiar. Sabía que en algún momento debía pasar lo que pasó, pero no estaba seguro de cómo habría de reaccionar, de lo que sería correcto hacer o decir, y lo que no.

Fue una tarde después de un par de días de no vernos que (A) me contacto vía Messenger; el antiguo, no el de Facebook. Quería hablar conmigo, saber de mi, saber como estaba pero sobre todo quería decir algo que se supone debía ser yo quien lo dijera. No llevábamos mucho tiempo saliendo sin embargo, y como es común en mi, aceleré las cosas en ciertos momentos; a veces creo que nunca maduraré en ese aspecto, siempre caigo rápido en sentimientos confusos y así de rápido escapo de ellos. En fin, ahí estaba yo, tenía claro que ella trataba de hablar conmigo, de decirme algo importante y lo único en lo que podía pensar era en tratar de encontrar una manera de escapar de aquello que estaba sucediendo.

Me arrepentí más de una vez por todas aquellas acciones que me arrastraron hasta ese momento, quise plasmar en mi cabeza que era (L) el culpable de que yo estuviera en tal situación, pero era inútil, si había alguien responsable de haber llegado tan lejos, era yo y sólo yo.

El momento llegó, decidí despedirme y desaparecer por un tiempo, lo único que atiné a hacer fue decir que debía irme por una urgencia y que la vería después, segundos más tarde ya estaba offline y pensando como zafarme de todo aquello.

Ya todo había empezado a cambiar, ella hizo su primer movimiento y yo el mío, ella estaba intentado aclarar el estatus de nuestra relación; quería que las cosas tomarán forma como debe de ser después de un tiempo de compartir experiencias con alguien más.

Y yo, yo estaba huyendo de la manera más cobarde posible, al menos hasta entonces.

domingo, 24 de agosto de 2014

Hablando de Errores

El error más grande del hombre es enamorarse, lo es, porque una vez que esto sucede se pierde toda esperanza de poder continuar en solitario el camino de la vida. Al enamorarse se consigue una fuerza sobrehumana, casi divina, pero también una debilidad infernal.